Los dolores de parto se vuelven más fuertes
Jesús, en Mateo 24:7-8, nos dejó una imagen poderosa para entender los tiempos finales: comparó los acontecimientos del mundo con los dolores de parto. Esta comparación no es casualidad; es profundamente reveladora. En un parto, los dolores comienzan de manera leve, casi imperceptible, pero con el paso del tiempo se vuelven más intensos, más frecuentes y más difíciles de ignorar. Así mismo, las señales que vemos hoy guerras, hambres, terremotos no son nuevas en la historia de la humanidad, pero la diferencia está en su intensidad y en la rapidez con la que se multiplican.

Estamos viviendo una aceleración de los acontecimientos. Lo que antes ocurría esporádicamente, ahora sucede de forma continua. La creación misma parece gemir, como si estuviera anunciando que algo grande está por suceder. No hace falta ser un experto para percibir que el mundo está entrando en una etapa crítica: desastres naturales más severos, enfermedades que se expanden rápidamente, conflictos entre naciones y un aumento evidente del caos social. Todo esto confirma que los dolores de parto se están intensificando.
La Palabra también nos advierte que en los postreros días muchos no creerán. En 2 Pedro 3:3-4 se nos dice que vendrán burladores, personas que cuestionarán la promesa del regreso de Cristo, argumentando que todo sigue igual. Pero esa aparente “normalidad” es en realidad una señal de engaño. Mientras algunos duermen espiritualmente, el cumplimiento profético avanza con precisión. Asimismo, 2 Timoteo 3:1-5 describe una decadencia moral alarmante: hombres amadores de sí mismos, sin afecto natural, más amantes del placer que de Dios. Esta no es solo una descripción antigua, es un retrato exacto de la sociedad actual.
Jesús también habló de señales en los cielos y de una angustia global sin precedentes (Lucas 21:25-26). Hoy vemos cómo el temor se apodera de las naciones, cómo la incertidumbre domina el corazón del hombre, y cómo muchos viven en ansiedad por lo que vendrá. A esto se suma una falsa sensación de “paz y seguridad”, como advierte 1 Tesalonicenses 5:2-3, que precede a una destrucción repentina. Es un mundo que aparenta estabilidad, pero que en realidad está al borde de un colapso espiritual y moral.
Sin embargo, en medio de todo esto, hay una esperanza gloriosa: el evangelio está siendo predicado en todo el mundo. Nunca antes había sido tan fácil llevar el mensaje de salvación a las naciones. Dios, en su misericordia, está dando oportunidad para que muchos se arrepientan antes del fin.
Frente a este panorama, la pregunta no es si estamos en los últimos tiempos, sino: ¿estamos preparados? Jesús fue claro en Mateo 24:42-44: “Velad… estad preparados”. No es un consejo opcional, es un mandato urgente. Velar implica vivir en alerta espiritual, en comunión constante con Dios, en santidad y obediencia. Prepararse no es vivir con miedo, sino con fe, asegurando nuestra relación con Cristo y permaneciendo firmes en Él.
Este no es tiempo de distracción ni de tibieza espiritual. Es tiempo de arrepentimiento genuino, de buscar a Dios con todo el corazón, de vivir en santidad y de anunciar el evangelio con urgencia. Los dolores de parto están aumentando, y eso significa que el momento del alumbramiento está cerca.
Cristo viene pronto. Y solo aquellos que estén preparados, velando y perseverando, serán parte de ese glorioso encuentro con Él.
