Cadena de supermercados en Nueva York escanea ojos, rostros y voces de los compradores
Una polémica silenciosa ha comenzado a surgir dentro de una de las cadenas de supermercados más populares de la ciudad de Nueva York. Wegmans, conocida por su fiel clientela, ha entrado en el controvertido terreno de la vigilancia biométrica.

De acuerdo con un reporte de Gothamist, nuevos avisos colocados en tiendas de Manhattan y Brooklyn informan que cualquier persona que ingrese podría tener su rostro, sus ojos e incluso su voz escaneados y almacenados por los sistemas de seguridad de la empresa.
El anuncio, breve pero inquietante, señala que estos datos biométricos se recopilan “para proteger la seguridad de nuestros clientes y empleados”.
Sin embargo, para muchos compradores esta explicación no resulta tranquilizadora. Lo que antes era una simple visita al supermercado ahora parece parte de un experimento tecnológico: cámaras que observan en silencio, sistemas que analizan rasgos faciales y patrones de voz, y algoritmos que crean identidades digitales sin un consentimiento claro ni mayor transparencia.
Esta situación también representa un cambio respecto a lo que la empresa había explicado anteriormente. En 2024, Wegmans afirmó que su tecnología biométrica estaba dirigida principalmente a los empleados y que cualquier información de clientes captada accidentalmente sería eliminada.
Esa garantía ya no aparece en la información pública de las tiendas. Además, la compañía no ha aclarado cuánto tiempo se conservarán los datos biométricos, quién tendrá acceso a ellos o si podrían compartirse con terceros, incluidas agencias de seguridad.
Para algunos clientes, la noticia ha generado incomodidad. Johnny Jerido, de 59 años, expresó su preocupación al señalar que no le agrada la idea de ser vigilado mientras compra. “No quiero que alguien piense que estoy robando o haciendo algo ilegal”, comentó, reflejando el temor de muchos consumidores de que actividades cotidianas ahora estén bajo sospecha.
Otros reaccionaron de forma más directa. Blaze Herbas, de 29 años, cuestionó la necesidad de recolectar este tipo de información. “Deberíamos poder comprar libremente sin que nuestros datos queden almacenados”, afirmó, reflejando el creciente temor de que el anonimato en la vida diaria esté desapareciendo.
Expertos en privacidad advierten que estas preocupaciones son reales. Will Owen, del Proyecto de Supervisión de la Tecnología de Vigilancia, señaló que existe inquietud de que datos biométricos altamente sensibles puedan terminar en manos de autoridades migratorias como el U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE). A diferencia de contraseñas o tarjetas de crédito, los datos biométricos no pueden cambiarse una vez comprometidos, lo que hace que cualquier filtración o uso indebido tenga consecuencias permanentes.
Mientras tanto, los intentos de regular este tipo de tecnologías han tenido poco avance. En 2023, miembros del Concejo de la ciudad de Nueva York propusieron una ley para limitar el uso de datos biométricos por empresas privadas, tras una fuerte polémica relacionada con el reconocimiento facial en el Madison Square Garden.
Sin embargo, la iniciativa no prosperó. Actualmente solo permanece vigente una ley aprobada en 2021 que obliga a las empresas a colocar avisos informativos, pero no exige consentimiento de los clientes, ni limita el tiempo de almacenamiento de los datos, ni establece mecanismos estrictos de control.
Como consecuencia, la responsabilidad recae en los consumidores: aceptar la vigilancia o decidir no comprar en esos establecimientos. Aunque existen opciones legales para presentar demandas, el proceso requiere que los propios ciudadanos tomen la iniciativa, algo que pocas veces ocurre.
